Te despiertas sobresaltado y con una resaca horrible, aún con las brumas del sueño te diriges al baño donde tratas de refrescarte un poco y buscas un par de paracetamoles mientras intentas recordar el sueño que rondaba por tu cabeza justo antes de despertarte.

Te concentras e imágenes confusas de una feria te asaltan. Te acuerdas de que entras en la tienda de una adivina. La adivina resulta ser una gitana sospechosamente parecida a Lola Flores. Depositas un billete en su mano y mientras la bruja se lo mete en el sujetador con una mano, con la otra coge la tuya y la acerca a su cara.

-¡Oh! Veo belleza y determinación. Fuego y hielo. Amor y dolor verdaderos. — te dice la anciana con una sonrisa torcida desde lo más profundo de tus sueños.

Intentas recordar algo más, pero sin resultado, así que te vuelves a refrescar la cara y vas a la cocina a hacerte el desayuno. Cuando vuelves a la habitación ves el ordenador y recuerdas vagamente lo que hiciste anoche. Lo enciendes y entras en la página de contactos con la intención de borrar tu perfil, pero sorprendido te das cuenta de que ya hay una candidata que se interesa por ti. Recuerdas durante un segundo el consejo de la gitana y después de desecharlo con un escalofrío pinchas en el mensaje con curiosidad.

Se llama Úrsula Kellermann y es española de origen alemán. Le gustan las películas de acción, las motos y las vacaciones en lugares solitarios. Además dice que es una enamorada del sexo.

Solo por la última frase ya la habrías elegido pero además, cuando ves la foto te quedas impresionado por su belleza. Es pelirroja, de tez pálida y sus ojos grises te miran desde la pantalla con un frío desdén que te pone a cien. Pinchas en la foto y se despliegan una serie de fotos que casi te provocan una erección. La joven tiene unas piernas largas y torneadas unos pechos grandes y jugosos que le gusta mostrar con generosos escotes y una actitud sexy y desenfadada que te vuelve loco. No puedes evitarlo y te bajas una de ellas en la que está con un mono de cuero con la cremallera bajada enseñando un profundo canalillo al lado de su Suzuki Hayabusa 1300 y la pones de fondo de pantalla en el ordenador.

Decidido le envías un mensaje y te dispones a esperar. La tipa no se apura demasiado y te responde casi un día después. Parece ser que la cara de niño bueno que has puesto en las fotos le ha convencido y chateáis un rato.

Úrsula resulta ser una mujer inteligente y culta aunque un poco seca en el trato, solo notas un poco de emoción cuando mencionas el asunto de las motos. Después de chatear un rato quedáis esa misma noche. Ella insiste en pasar a buscarte con su moto y tú para no demostrar que estás cagado de miedo accedes a la primera, pero le dices que ella tiene que poner el casco.

Esperas impaciente. Las horas pasan lentas y tediosas y las matas jugando al Grand Theft Auto y volviendo a ver la galería de fotos de la joven. Te recreas observando la cara angulosa, los labios no demasiado gruesos pero perfectamente delineados, los ojos grises y fríos como el acero y el pelo color caoba liso que le llega a la altura de los hombros. Su piel es pálida, casi transparente y sus brazos y sus hombros fuertes te hacen pensar que hace pesas para poder aguantar los tirones de una moto de doscientos caballos.

Al fin llega la hora y te duchas rápidamente, te pones unos vaqueros que no están demasiado sucios, una camiseta y una cazadora de cuero que hacía tiempo que no usabas.

Cuando bajas Úrsula ya te está esperando subida en la moto. Por un momento crees que te vas a correr allí mismo.
Con el casco bajo el brazo Úrsula espera apoyando la pierna en el suelo. Va vestida con un corpiño color ocre, una cazadora y una minifalda de cuero marrón oscuro. Al estar sentada sobre esa bestia la falda se le ha subido dándote una gloriosa vista de su pierna desde los tacones hasta casi el nacimiento del muslo.
Sin disimular tu embeleso te acercas a ella y le saludas dándole dos besos.

—Hola, ¿Qué tal? ¿Encontraste bien el sitio?
—Sin problemas —responde ella lacónica.
—La verdad es que las fotos no hacen justicia… a la moto, claro. —dices intentando hacerte el gracioso.
—Vale, muy divertido, ahora ponte el casco. —dice ella sin hacer demasiado caso a tu intento por romper el hielo.

Te pones el casco, te sientas tras ella y apenas has pasado los brazos entorno a su cintura sale disparada. La aceleración que le proporcionan a la Suzuki los doscientos caballos hace que temas perder la cabeza.

Úrsula se desliza entre el tráfico a una velocidad de espanto y terminas por cerrar los ojos y dejarte llevar. El motor del artefacto grita y silba como una serpiente de cascabel maltratado inclementemente por la joven. No sabes cuánto tiempo ha pasado ni dónde estás, pero al final para la moto en el barrio viejo. Tenéis que dejar la moto ya que las calles son peatonales y caminar un cuarto de hora hasta un pequeño restaurante japonés que no sabías ni que existía. Por el camino te cuenta que es ejecutiva de una empresa de cosmética y que pasa largas temporadas en Montana dónde su empresa tiene la central.

El local es pequeño y consta de una gran barra en forma de «U» en el centro de la cual un chef oriental, con el típico pañuelo con el sol naciente hace la comida frente a los clientes. Os sentáis en los dos únicos sitios libres y leéis las cartas.
Nunca has estado en un japonés y los nombres de los platos te suenan todos a chino. Úrsula advierte tu desconcierto con una sonrisa torcida y te recomienda la ternera teriyaki.

Ternera salsa teriyaki

Opción 1

¿Le haces caso y comes la ternera de kobe en salsa teriyaki?

Ternera salsa teriyaki
Fugu

Opción 2

¿O decides que no puede ser tan difícil elegir la comida sin su ayuda y te decides por algo que se llama fugu?

Fugu