Te despiertas sobresaltado y con una resaca horrible. Aún con las brumas del sueño, te diriges al baño donde tratas de refrescarte un poco y buscas un par de paracetamoles mientras intentas recordar el sueño que rondaba por tu cabeza justo antes de despertarte.

Te concentras e imágenes confusas de una feria te asaltan. Te acuerdas de que entras en la tienda de una adivina. La adivina resulta ser una gitana sospechosamente parecida a Lola Flores. Depositas un billete en su mano y mientras la bruja se lo mete en el sobado sujetador con una mano, con la otra coge la tuya y la acerca a su cara.

—Veo un puño de hierro envuelto en un guante de seda. —dice la gitana pasando la mano con sus entecos dedos extendidos frente a tu cara— Ten cuidado, la próxima mujer que cruce en tu vida puede ser la causa de tu destrucción o la mujer de tu vida, solo tus decisiones lo determinarán.

Intentas recordar algo más, pero sin resultado, así que te vuelves a refrescar la cara y vas a la cocina a hacerte el desayuno. Cuando vuelves a la habitación ves el ordenador y recuerdas vagamente lo que hiciste anoche. Lo enciendes y entras en la página de contactos con la intención de borrar tu perfil, pero sorprendido te das cuenta de que ya hay una candidata que se interesa por ti. Recuerdas durante un segundo el consejo de la gitana y después de desecharlo con un escalofrío pinchas en el mensaje con curiosidad.

El perfil de la candidata no es muy extenso. Dice llamarse Melina Rodríguez, es española de origen cubano y tiene veintisiete años. Estudió derecho gracias a la becas y terminó la carrera la segunda de su clase, ahora trabaja como abogada defensora. Le gusta la música latina, el cine y un buen libro, aunque confiesa que no tiene mucho tiempo libre para dedicarlo a ello. Para terminar explica que le gustan los hombres tiernos pero seguros de sí mismos y que sean unos amantes ardientes.

En la esquina superior derecha del perfil hay una foto desde la que Melina te mira con unos ojos grandes, oscuros, rodeados de unas pestañas largas y rizadas. Su nariz es un poco ancha pero recta y no demasiado grande y sus labios gruesos y jugosos, pero lo que más llama tu atención es su tez color caramelo oscuro y fina como la piel de un melocotón.

Pinchas en la foto y ves varias instantáneas en las que descubres que como buena abogada viste en todas impecablemente, aprovechando los altos tacones para realzar un cuerpo de infarto y sobre todo un culo que hace época.

Para ser la primera respuesta no está mal, te sientas con el ordenador en el regazo y le envías un mensaje hablando un poco más de ti. Al contrario de lo que esperas, ella te responde de inmediato. Chateáis un rato y alternando mentiras con medias verdades consigues que se interese en ti. Tras un rato de conversación ella se excusa diciendo que tiene que reunirse con un cliente importante en unos minutos, pero que le has impresionado y que le gustaría conocerte en persona.
Antes de despedirse te dice que al día siguiente por la noche estará en la ciudad y que tiene tiempo para cenar.

Tú no lo dudas ni un segundo y le invitas a un restaurante de lujo que hay en el centro. Esperas una respuesta, pero ya sea porque ha tenido que irse de verdad, o porque quiere hacer que te hagas un poco en tu propio jugo, no responde a tu propuesta inmediatamente.

Horas después recibes una respuesta afirmativa y añade que le vendría bien quedar a las nueve y media.
Con una sensación triunfal cierras el ordenador y te dedicas a dar pequeños saltitos por la habitación.

La espera se ha hecho larga, pero al fin la hora ha llegado. Te preparas sacando tu único traje decente de su funda y los Fluchos que compraste para la boda de tu hermana. El último toque lo pone el perfume de Hugo Boss y unos gemelos con la forma de pequeños aviones con los que pretendes compensar la falta de calidad con la originalidad.

Te tienes que apresurar pero al final estas en la barra del restaurante a las nueve y media como un clavo.
—Lo siento, pero he tenido un problema de última hora y no he podido llegar antes. —dice ella entrando veinte minutos después en el local y dándote dos besos apresurados.

Te levantas apresuradamente para recibirla y después de devolverle los dos besos haces una seña al maitre. Mientras el camarero os recoge las chaquetas aprovechas para echar un vistazo a la joven. Está espectacular con un vestido ajustado de color blanco por el centro y negro por los laterales, escote en «u» y una falda recta y ajustada justo por encima de las rodillas. Sus piernas largas y morenas no necesitan medias y su culo ya de por sí atractivo se ve realzado gracias a unas espectaculares sandalias de tacón imposible.

Os sentáis a la mesa y mientras os ponen unos aperitivos elegís la cena. Tras hacer el pedido se impone un incómodo silencio, no sabes muy bien cómo romper el hielo. Tras un par de sonrisas y titubeos decides iniciar tú una conversación. ¿Cómo lo haces?

Su inteligencia

Opción 1

Intentas parecer un tipo atento y respetuoso y alabas su inteligencia

Su inteligencia
Su vestido

Opción 2

O decides ir a lo seguro y comentas lo bien que le sienta ese vestido a su figura

Su vestido