Te despiertas sobresaltado y con una resaca horrible, aún con las brumas del sueño te diriges al baño donde tratas de refrescarte un poco y buscas un par de paracetamoles mientras intentas recordar el sueño que rondaba por tu cabeza justo antes de despertarte.

Te concentras e imágenes confusas de una feria te asaltan. Te acuerdas de que entras en la tienda de una adivina. La adivina resulta ser una gitana sospechosamente parecida a Lola Flores. Depositas un billete en su mano y mientras la bruja se lo mete en el sujetador con una mano, con la otra coge la tuya y la acerca a su cara.

—¡Oh! Veo una graaan historia de amor. —dice la vieja zalamera levantando sus dos brazos con un gesto teatral — La próxima mujer que se cruce en tu vida puede ser lo que has estado buscando toda la vida.

Intentas recordar algo más, pero sin resultado, así que te vuelves a refrescar la cara y vas a la cocina a hacerte el desayuno. Cuando vuelves a la habitación ves el ordenador y recuerdas vagamente lo que hiciste anoche. Lo enciendes y entras en la página de contactos con la intención de borrar tu perfil, pero sorprendido te das cuenta de que ya hay una candidata que se interesa por ti. Recuerdas durante un segundo el consejo de la gitana y después de desecharlo con un escalofrío pinchas en el mensaje con curiosidad.

Se llama Carolina Bravo, es Licenciada en Historia del arte y le encantan la literatura y los museos. Aunque sus aficiones no te vuelven loco, echas un vistazo a la foto del perfil y te quedas impresionado por sus ojos grandes, avellanados y color azul cielo, sus labios gruesos y jugosos deliciosamente perfilados, sus pómulos altos y su melena, una melena negra, brillante, espesa y ligeramente rizada. Pinchas en la foto y se despliegan una serie de fotos en la que descubres a una mujer alta y elegante con unas piernas esbeltas y torneadas y unas curvas que quitan el hipo. Eso te acaba de decidir y le envías un mensaje.

Charlas un rato con ella y descubres que no sólo le gustan los museos sino que también le gusta el cine de ciencia ficción y ver en la tele los deportes de riesgo. Acabas carcajeando mientras intercambiáis anécdotas de patinadores con barandillas entre las piernas y esquiadores cayendo a trompicones ladera abajo perseguidos por aludes de nieve.

Tras una hora de chat sientes que has conectado realmente con una mujer por primera vez en mucho tiempo y aunque algo en su actitud un poco evasiva te hace desconfiar, finalmente aceptas su invitación para ir a cenar a un pequeño restaurante italiano que conoce al día siguiente.

Te pasas todo el día pensando en qué ponerte para impresionar a esa belleza. Buscas entre tu ropa con desesperación y al final acabas saliendo a comprarte algo adecuado. Tras gastarte tropecientos euros en un traje de Armani te pasas el resto de la tarde limpiando y rascando con detenimiento todas las partes de tu cuerpo hasta que todo él brilla como un coche nuevo.

Prefieres hacerte un poco el duro y demostrarle que no estás ansioso, así que deliberadamente llegas diez minutos tarde a la cita. No puedes reprimirte y echas un vistazo desde el exterior del restaurante por la luna que da al comedor buscando a tu princesa.

Tras echar una rápida mirada estás a punto de convencerte de que aún no ha llegado cuando te fijas en una gorda que está retorciendo nerviosa la servilleta. Al principio no la reconoces, pero luego te fijas en su melena y sus ojos claros y te das cuenta de que es ella. Tu princesa es ahora una reina con veinte kilos de más.

Te vas

Opción 1

¿Te largas defraudado por la burda mentira?

Te vas
Te quedas

Opción 2

¿O sigues prendado de los ojos oscuros y la larga melena negra y decides darle una oportunidad?

Te quedas