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Relato erótico leído
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Tiempo de lectura estimado: 26 minutos
Fotografías:
3
Idioma: Español-España
Autor: Gilderoy

– ¿Te acostarías con otro tío si te pagase 3000 €?- pregunté un día a mi novia Ana, mientras paseábamos. Era una simple pregunta curiosa.
– Jaja, claro que no Edu.
– No sé, 3000 € está bastante bien. Sería sólo un polvo. La prostitución de lujo suele costar algo así. Las mejores pornostar cobran eso.
– Ya, pero es que yo no soy una puta.
– Bueno, ¿y por 10.000?- seguí presionando, curioso.
– No.
– ¿No? Ana, 10.000 € es un pastón… ¿sabes cuánto es eso? Con eso se hacen muchas cosas…
– A ver, eso no es nada. Ni dos millones de pesetas.
– Hija, es que es sólo un polvo. Si quieres más dinero, pues echas otro- alguna vez he bromeado con mi novia sobre estos temas.
– No voy a ser una puta, por mucho que insistas- reí-. No voy a conseguirte dinero para que puedas comprar un coche nuevo.
– Jo. Con lo fácil que lo tienes… Si yo estuviera igual de bueno…
– Pero no lo estás, así que te aguantas. No vas a poder forrarte a mi costa.
– Bueno, y cuánto habría de pagar alguien para pasar una noche contigo.
– Puf. No sé. Pero desde luego tendría que ser algo que hiciera una sola vez, y que me resolviera la vida entera. No sé… 100 millones por lo menos.
– Alaaa, jaja, ¿pero tu quién te crees que eres?
– A ver, no 100 millones de euros, de pesetas. No sé unos 600.000 euros o cosa así. Por eso sí que lo hacía. Seguiría trabajando, pero me daría algún caprichito y podría tener unos estudios mejores, me iría al extranjero a hacer varios másteres, ayudaría a mis padres, donaría una buena parte…
– O sea, que si apareciera ahora un tío y te diera medio millón de euros, ¿¿te acostarías con él??- me empecé a poner un poco celoso.
– Seguramente.
– Bueno, entonces eres una puta. Sólo que una puta muy cara.
– Vale, seré una puta, pero por 600.000 euros lo haría. Sería sólo una noche y con eso tengo resuelta mi vida- me empezaba a mosquear. Parecía que lo decía en serio.
– Joder, entonces cualquier tío podría follarte si quisiera.
– No, cualquier tío no. Sólo digo que si un millonario se encaprichara de mí pues…
– ¿Y si yo no quisiera? En fin, no me hace gracia que un tío cualquiera que tenga mucha pasta viniera y te follase por las buenas.
– Bueno, pues si no quieres… te tendrías que aguantar- me quedé totalmente pillado. Llevábamos 5 años juntos, y nunca hubiera imaginado que dijera algo así-. Es mucho dinero, y desde luego no dejaría pasar una oportunidad así. Además, eres tú el que siempre está diciendo que me acueste con otros tíos para conseguir dinero fácil.
– Ya coño, pero era broma- en realidad, era un poco en serio. Pero ahora que ella lo decía como algo que pudiera ocurrir, se me quitaban las ganas por completo. Me reventaba que pudiera venir un tío con muchos millones y sin más, sin yo poder decidir nada, se la llevara a un hotel y se la follase.
– Bueno mira, de todas formas eso no va a pasar, así que olvidémoslo- el mosqueo aun me duró un rato más, pero tenía razón. Eso era irreal y nunca ocurriría, de modo que lo olvidé y al día siguiente todo volvió a la normalidad.
Esta conversación no hubiese tenido ninguna importancia de no ser porque justo unos meses después, ocurrió algo inesperado. Vivíamos juntos, y una tarde después de ir de compras llegó a casa con un gesto un poco desencajado. Estaba totalmente sorprendida.
– ¿Qué pasa?- le pregunté, sin estar seguro si era algo bueno o malo. Bien podía haberle tocado la lotería, o visto un atropello.
– Pues… una cosa totalmente surrealista- nos sentamos-. Estaba en el centro, mirando ropa. Ya cuando me iba, entré en una tienda, y me probé un vestido de 300 €, más que nada para ver cómo me quedaba, no pensaba comprarlo.

AnaPero cuando lo tengo puesto, y salgo del probador para mirarme en el espejo desde lejos, oigo a un tío que me dice “Eres preciosa. Estás espectacular con este vestido”. Creí que era uno de la tienda, pero miré, y era un tío con un traje carísimo, que estaba comprando. Me quedé súper avergonzada, y no supe qué decir. Me hice la tonta, y seguí mirándome al espejo, cuando el tío se acerca e insiste: “Te lo digo en serio. Tienes que comprártelo”. Claro, como estaba ya al lado mía tuve que contestar, y le dije que no, que era muy caro. Y entonces el tío saca una cartera de piel, y dice: “Déjame que te invite. Me gustaría regalártelo”. No pude evitar reírme, pero le di las gracias y dije que no podía aceptarlo. Sin darle tiempo a contestar, me metí en el probador y cerré la puerta para quitármelo de encima.

Pero a esto que salgo de la tienda, ya con mi ropa puesta, cuelgo el vestido donde estaba y cuando me dirijo a la puerta se me acerca de nuevo el tío y me da un vestido igual al que había tenido puesto, en una bolsa de plástico, envuelto y pagado. “Acéptalo, por favor”. Me lo pone en las manos y se va. Y yo me quedé allí totalmente bloqueada. Le pregunté a la dependienta y efectivamente, me dijo que el tío ese lo había comprado y pagado. Así que no supe que hacer y me lo he traído.
Yo estaba como si acabara de explicarme mecánica cuántica.
– ¿Qué opinas?
– Pues… no sabría qué opinar. Mira el vestido, no sea que tenga una bomba- Ana me miró escéptica. Me enseñó el vestido, y la verdad es que era bastante bonito-. No sé Ana. Vestido gratis, ¿no? Mientras no vuelvas a ver a ese tío… ¿Le dijiste que tenías novio?
– Que va, si es que no me dio tiempo. Si hubiera intentado ligar conmigo se lo habría dicho pero… No me pidió mi número, ni siquiera me preguntó cómo me llamaba… La gente es que está mal de la cabeza.
Me preocupé un poco, pero al día siguiente ya no me acordaba. Me alegraba de que Ana tuviese un vestido nuevo, es una auténtica adicta a la ropa, pero nunca podemos permitirnos ropa muy cara salvo excepciones. Sin embargo, al día siguiente, al llegar a casa después de currar en el bar (donde me saco un dinerito por las tardes para pagar mis estudios), Ana tenía otra sorpresa para mí.
– Tío, no te vas a creer qué me ha pasado. Hoy salí de la facultad, y estaba yendo al metro cuando se me para una limusina color plata al lado. Se abre la ventana de atrás y adivina quién estaba allí- pude imaginármelo-. ¡El tío de la tienda del otro día! Me dice “Hola Ana. ¿Quieres que te lleve?”. Y yo, primero asombrada de que supiera mi nombre. Luego por la limusina. También tenía ganas de darle las gracias por lo del vestido y al fin y al cabo quería saber ya de qué coño iba todo eso, así que acepté que me llevara.
– Joder, ¿tú te subes al coche con cualquiera?- pregunté irritado.
– A ver, no era un coche corriente, era una limusina. Mucha gente me vio subir, a plena luz del día y junto a la facultad. Y además, no le dejé cerrar la ventanilla, para que nos vieran desde fuera. Pero buen, lo más fuerte vino después.
Se presentó, me dijo que se llamaba Dorian, y que estaba totalmente loco por mí. ¿Te lo puedes creer? Yo le dije que gracias por el vestido, pero que tenía novio, vivía con él y todo eso. “No me importa. Sólo quiero pasar una noche contigo”. Yo me quedé muerta. Fue en plan: este tío está loco. Le di las gracias pero le dije que no, y como vio que quería bajarme ya, insistió “Te pagaré por una noche”. Ahí fue cuando me cabreé de verdad. Estuve a punto de mandarlo a la mierda. “A ver, ¿me has tomado por una puta o algo así?- dije- ¿De qué vas? Anda, déjame bajar de una vez”. Total, que la limusina se para, e intento bajar, pero las puertas estaban cerradas. “Antes de que te marches, quiero al menos decirte la oferta. Sería una sola noche, y te pagaré por ello un millón de euros”.
Se me quedaron los ojos como platos. ¿¿1 millón?? Debía de estar de coña. Ana me leyó el pensamiento.
– Si tío, yo pensé exactamente lo mismo: ¿¿1 millón?? Naturalmente no me lo creí, le dije que era un fantasma. Y el tío entonces le dice al chófer que abra las puertas, me da una tarjeta y justo cuando estoy saliendo dice: “Mira tu cuenta del banco cuando puedas. Después piénsatelo y llámame”.
Me quedé toda pillada, pero total que voy al primer cajero que veo, a actualizar mi libreta y veo que me hecho una transferencia de ¡1 millón de euros!
– ¿¿Que tienes un millón de euros en el banco??- exclamé.
– Más o menos. Fui a la sucursal más cercana y me informé. Resulta que es una transferencia pero aun no está completada. Puede anularse en un plazo de 10 días. Si en 10 días no se anula, ¡será para mí!
– Bueno, pero qué más. ¿Lo llamaste?

Limo– Si claro, en seguida. Le dije donde estaba y vino a recogerme. “Ahora que ya me crees, podemos seguir hablando” dijo nada más que me subí a la limusina. Le pregunté de qué coño iba todo eso, que cómo sabía mi nombre y mi cuenta del banco etc. Me explicó que es un hombre con mucho poder, y que esos datos no suponían ningún problema para el. Luego el tío seguía insistiendo en que quería pasar una noche conmigo, y que como yo era una mujer extraordinaria, estaba dispuesto a pagar lo que fuera. Además me dijo que me pagaría medio millón más al terminar. Yo estaba flipando.
Le dije que la transferencia era cancelable, de modo que podía quitarme el dinero cuando quisiese, y dijo: “Es anulable en 10 días. Después ya no. Por eso, si aceptas, la noche será dentro de diez días. A partir de las 12 de la noche, el dinero será tuyo. Habremos quedado sobre las 10, de modo que así nos protegemos ambos. Yo, para que cuando tengas el dinero no me des la patada, y tú, para que cuando pases la noche conmigo, ya no pueda quitártelo”.
Yo seguía totalmente pasmado. No sabía si estaba soñando, si Ana me estaba tomando el pelo o qué.
– Después me dijo que mañana sobre las 5 hablaría conmigo, para ver si acepto.
– Ah, ¿que aun no le has dicho que no?- pregunté indignado.
– No y… no creo que lo haga- al ver mi cara Ana saltó rápidamente-. Joder, es que es mucho dinero. ¿Tú sabes cuánto es eso? Es sólo una noche…
– No me puedo creer que siquiera lo estés dudando…
– Hemos hablado muchas veces de hacer intercambios y cosas de esas…
– Si, y tú me has dicho un millón de veces que no. Además no es lo mismo. No lo has elegido tú, no es voluntario. El tío se cree que pagando puede conseguir cualquier cosa. Y de todas formas, ¿tú me vas a dejar que me lie con otra mientras estás con él?
– No, claro que no. Yo no quiero acostarme con él, no lo hago por placer. Es sólo un trabajo.
– Que morro tienes, ¿tú sí y yo no?
Estuvimos un buen rato discutiendo, aunque al final la convencí. A mí también me jodía perder un millón de euros, pero no pensaba dejar que un capullo ricachón se follase a mi novia. Ana entró en razón, y comprendió que era una locura. Era un completo desconocido, el dinero no era seguro, podía ser todo una farsa etc. Lo aceptó, me pidió perdón por siquiera replanteárselo y todo terminó ahí.
Sin embargo, esa noche antes de acostarse, Ana miró su correo, y vio algo que la hizo recaer de nuevo. Una clínica privada de depilación láser se había puesto en contacto con ella, informándola de que ya se encontraba apuntada para el tratamiento, y que habían recibido el pago. Pero era un tratamiento cualquiera. Se trataba de 10 sesiones programadas a lo largo de 2 años para un completo. El coste total era algo desorbitado. Se trataba de un facial completo de más de 1.000 €, los brazos completos de más de 1.500, todo el tronco, espalda, zona lumbar, línea alba y areola de 5.000 y las piernas completas, más glúteos, ingles amplias, labios mayores, monte de Venus y zona perianal, de 6.000. En total, más de 14.000 €. Una auténtica barbaridad. Y la primera sesión sería el día antes de la supuesta noche que pasaría con Dorian. Al día siguiente tendría que ir para realizar unas pruebas para ver el estado de su piel. Además también había recibido una cita de un médico privado para hacerse unas pruebas de ETS y para que le recetara la píldora. Desde luego ese tío había cubierto todo. Y encima tenía pensado follársela sin condón.
Esto fue la gota que colmó el vaso. Ana aceptaría. Su gran trauma siempre había sido el vello. Le dolía muchísimo la cera, y siempre tenía que afeitarse, lo cual le producía muchas irritaciones. Había pensado muchas veces en la depilación láser, y de hecho estaba ahorrando para ello. Pero que así de repente, se le presentara una depilación completa y gratuita… Aunque luego no recibiera el millón, por algún chanchullo que se montara el tal Dorian, al menos al tratamiento de depilación ya estaba apuntada. Intenté convencerla pero fue inútil. Su cerebro ya había aceptado automáticamente desde el momento en que vio el mensaje de la clínica privada.
– Eres un egoísta. Sabes lo mucho que llevo queriendo esto, y lo fácil que es conseguirlo, y sólo piensas en ti, en que no toquen lo que es tuyo. Para mí también es difícil ¿vale? Qué coño, para mí es mucho más jodido. Soy yo la que va a tener que tirarse a un desconocido. Tú no tienes que hacer nada.
Tuve que aceptar. Qué remedio. Cuando se ponía así era insoportable. Me planteé amenazarla con cortar… Pero luego me retracté. Tal vez tuviera razón. Yo sabía que me quería, y que eso sólo lo hacía por conseguir algo que llevaba queriendo desde hacía años. Se lo merecía.
– De acuerdo, está bien. Pero sólo con la condición de que me lo cuentes todo. Quiero estar informado de todo, desde ahora hasta que acabe. De todo.
– Pero como de todo. A qué te refieres, qué quieres que te cuente.
– Todo. Después de que ocurra, quiero que me lo cuentes todo. Lo que te hizo, cómo lo hizo, que hiciste tú, todo.
– ¿De verdad quieres saber eso?
– Sí. La incertidumbre es peor. Quiero saber qué ocurre, y no imaginarme cosas que no ocurrieron durante el resto de mi vida- ella aceptó-. Y otra cosa. Cuando empieces a tomar la píldora, quiero acostarme contigo sin condón. Antes que él. No quiero que sea el primero.
Nunca me había acostado con ella sin condón. Alguna vez se había planteado tomar la píldora, pero era muy despistada y la regularidad que exige era complicada de cumplir para ella. Sin embargo ya que se la iba a tomar, no iba a dejar que ese tío sintiese con su polla su coño mojado y caliente antes que yo. Al menos iba a sacar algo bueno de todo aquello.
Al día siguiente fue al dermatólogo, que la vio perfecta para iniciar el tratamiento, y al médico, que le recetó la píldora e hizo unas pruebas de ETS.
– Él estaba allí. Se las hizo también conmigo. Ambos estamos bien, de modo que no tendremos que usar precauciones. Y yo empezaré a usar la píldora cuando me baje la regla, la semana que viene, y desde entonces ya podré empezar a hacerlo sin condón…- vio que me alegraba un poquillo ante eso-. Pero tengo una mala noticia. Le dije al médico que era la primera vez que las usaba… y Dorian lo oyó, y me preguntó si siempre había usado preservativo… Le dije que sí, y me dijo que él quería ser el primero. Que no lo hiciera contigo sin condón hasta después de la noche, o si no se anularía el trato.
– Jaja. Bueno, ya ves tú. Ni que él fuera a enterarse.
– Ya… pero yo prefiero echarle cuenta- ¡¿qué?!- A ver Edu en serio. No merece la pena arriesgarse, ¿y si se enterase? Yo prefiero no hacerlo. Y no me mires así, ¿vale?
– Es que es muy fuerte que él vaya a hacerlo primero que yo.
– Esto no es una competición. Tú me vas a tener después todo el tiempo que quieras, soy toda tuya. Él sólo será una noche. Eso de las primeras veces es una tontería – ya, pero a mí no me hacía ni puta gracia.
Al final acepté, pero a cambio tenía que prometerme que no se la chuparía. Ese cabrón se quedaría sin probar sus hermosos labios. El pensar que aun tenía un poco de poder hacía sentirme mejor.
Ana había estado hablando con él un rato, y descubrió cosas suyas. Era hijo de un gran empresario americano. Éste se había casado con una española, y tenía varias sucursales en España, y había dejado a su hijo al mando de ellas. Sin embargo él, según me dijo Ana delegaba la dirección de las empresas a gente de confianza y se dedicaba a “vivir la vida”. Le gustaba la música, el teatro, el arte, el cine, la pintura… invertía mucho en museos y óperas españolas y extranjeras. Y al parecer, en sus ratos libres se dedicaba a acostarse con todas las chicas guapas que veía, tuvieran pareja o no.
Para asegurarnos que no era un loco, investigamos en Internet y sí que era famoso entre los círculos culturales. Además, él le dijo a Ana que llamase a su secretaria, y ella nos confirmó que en 10 días tenía el fin de semana ocupado con la señorita Ana López Barrera, residente en tal y cual. De modo que no podía hacerle nada, ya que todos se enterarían. Nos quedamos más tranquilos.
Así que fueron pasando los días. Ellos habían quedado el sábado, por lo que el jueves Ana fue a depilarse. Fue increíble. Estuvo varias horas, pero al volver, parecía un ángel. Nunca había tocado nada tan suave y sedoso. Estaba realmente preciosa y el verla desnuda, con sus labios vaginales totalmente desnudos, su pubis suave, sus axilas, su culo… era una terrible tortura no poder tirarme encima y penetrarla. Me tenía que conformar con pajas, que me llevaba haciendo desde que empezó todo aquello.
Al día siguiente, llegó un paquete a casa. Era ropa y complementos que le había comprado Dorian. Iban junto a una nota, en la que decía que esa sería la ropa que llevaría, y que luego podía quedárselo todo, incluidas las joyas. Mencionaré todo lo que envió, porque creo que merece la pena. El muy cabrón había dejado la etiqueta con el precio en todos los productos, para que viéramos cuanto costaba cada cosa. La verdad es que saber que llevas algo de más de 1.000 te hace sentir bien.
En primer lugar la ropa interior era de escándalo. Unas medias hasta medio muslo, con liguero y unas braguitas que abarcaban la mitad de los glúteos, todo negro. No venía sujetador. Después un vestido largo y negro sujeto al cuello, con la espalda al aire y formando una U en su pecho, dejando ver un buen escote. No era apretado y tampoco demasiado fino, por lo que no se marcarían los pezones, pero si se notaría que no llevaba sujetador. El bolso era pequeñito y a juego. Los zapatos, unos elegantes tacones blancos, bordados. También venía una camisola negra por encima de la rodilla, muy transparente y finas tirantas. En total, más de 3.000 €. Sólo la camisola de seda eran 400…
Las joyas merecen mención aparte. Comentaré las descripciones de las etiquetas por si alguno entiende del tema. Eran impresionantes. En la nota ponía que no debía llevar ninguna otra joya que no fuera la que él le había comprado, de modo que Ana se quitó el anillo que yo le regalé hacía años y que siempre llevaba. En su lugar debería llevar un anillo de compromiso, solitario clásico de 6 garras con diamante talla brillante de 1.500 €. No sé para qué querría que Ana llevase un anillo de compromiso, pero en fin. Fetichismo, seguramente. Luego también venía un collar de oro blanco de diamantes diplomatic de 11.000 € y por último unos pendientes cortos de oro blanco con diamantes duquesa de 3.000 €. Una barbaridad. Ana estaba totalmente maravillada, y aunque intentó ocultarlo para que no me diese cuenta, no dejaba de acariciar el collar y el anillo. Si algún día nos casábamos, ojalá pudiera comprar un anillo así. Tendría que empezar a ahorrar desde ya. No obstante, aquel tío se lo regalaba como si nada, por una sola noche. ¿Cuántos anillos de esos habría regalado y a cuántas mujeres diferentes? Además de todo esto, venía un ticket para un balneario de la ciudad para el día siguiente.
Al final llegó el sábado. Aunque sólo debía estar con él esa noche, en realidad no la vi en todo el día. Desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde tendría el balneario, compuesto por multitud de masajes, tratamientos de hidroterapia en piscinas con chorros, con chocolate, aceites esenciales, baños turcos, termas, baños aromáticos… Después iría a la peluquería y por último vendría a casa sobre las 8, para vestirse y estar preparada sobre las 9. Una limusina la llevó a todas partes.
Cuando Ana llegó después de estar todo aquel día de masaje, parecía otra persona. Estaba absolutamente radiante, y podía oler su perfume a metros de distancia. Era sumamente erótico, una fragancia aromática excitante, embriagadora. Su pelo también olía maravillosamente. Lo tenía suelto, brillante, natural, con ondas marcadas.
Luego fue a su cuarto y empezó a vestirse. Aquello fue una auténtica tortura. Verla prepararse lentamente para otro hombre era un auténtico tormento. Su piel suave, sedosa y brillante, sin un solo vello era una maravilla. Cada vez que hacía un movimiento, me llegaba una ráfaga de aire con su aroma. Pensé que tenerla totalmente desnuda, delante de mi, con su hermoso y ondulado pelo posado sobre su espalda y hombros era lo mejor que podía ver, y conforme se fuera vistiendo, se me iría pasando las ganas de tirarla sobre la cama y follármela, ahogándome en su dulce perfume. Pero no, eso no era nada. Vestida era aun más excitante.
Depositó con cuidado toda la ropa sobre la cama. Yo la observaba desde la puerta, apoyado en el marco. En primer lugar se puso las braguitas negras, colocándolas bien. Eran bastante transparentes. Después se sentó en el borde de la cama, y cogió una media. La puso en la punta de su pie, y luego la fue deslizando hacia arriba, muy despacio y con cuidado. Hizo lo mismo con la otra. Tras esto se levantó, cogiendo el liguero y se lo colocó a la altura de las caderas. Sujetó el elástico delantero derecho y lo estiró hacia abajo, enganchando el broche metálico en la liga. Repitió lo mismo con el izquierdo. Lo hacía muy despacio, ya que nunca se había puesto un portaligas, pero esa parsimonia parecía hecha a propósito para torturarme. Para los dos traseros necesitó mi ayuda. Me puse de rodillas en el suelo, y ella se situó de espaldas a mí, con su hermoso culo justo delante de mi cara. Agarré el elástico y lo a la media. Pude sentir la suave y caliente piel de sus muslos al hacerlo. Mi polla estaba a punto de explotar, y tuve que darle un fuerte apretón, sintiendo un escalofrío de placer.

Para terminar, se coló el vestido por los pies, y yo le hice el nudo en el cuello. Se calzó sus zapatitos y puso las joyas. Me pidió ayuda con el collar, y yo se lo abroché. Mi erección no había bajado en todo el tiempo.
Sobre las 9, cuando terminó de maquillarse, esperó a que Dorian llamase al telefonillo. Estuve infinidad de veces a punto de lanzarme sobre ella y besarla, morderla, follarla…
– Por favor no te vayas… quédate conmigo, me muero por hacerlo contigo… Echemos un rapidito, no se enterará…
– Sabes que no puedo…. Ya estoy vestida, maquillada y peinada… Venga, no seas tonto, acuéstate pronto, y antes de que te despiertes, estaré aquí.
A las 9:05 llegó Dorian. La acompañé en el ascensor hasta el portal. En la calle esperaba una limusina. Dorian estaba de pie, con la puerta trasera abierta, invitándola a entrar. Era la primera vez que lo veía. Vestía un traje negro, con pajarita. Hubiera apostado que valía más que nuestro piso. Era un tipo atractivo, alto y moreno. No me miró. Sólo centró sus ojos en el precioso ángel que tenía para él toda la noche. Ana me dio un suave beso en la mejilla, me sonrió con un deje de lástima, y se dirigió al coche. Entró con cuidado, ayudada por Dorian que le dio la mano para facilitarle la entrada. Luego cerró la puerta, dio la vuelta por detrás, entró y la limusina se fue. Era terrible ver como un desconocido se lleva a tu novia para follársela una y otra vez durante toda la noche.
Tras esto, subí de nuevo a mi solitario apartamento. Me hice una paja, olisqueando la maravillosa fragancia que Ana había dejado por todo el piso. Había quedado con ella en que me daría toques de vez en cuando, para saber que todo iba bien, y que me mandaría un sms diciéndome a qué hotel habían ido, por si había algún problema, yo pudiese ir. Sin embargo, apenas a la media hora de que se fuera me envió un mensaje que me rompió todos los esquemas. Decía “Cariño, estoy en un avión, camino de París. Todo va bien. Volveremos mañana por la mañana, no te preocupes. Te quiero”. ¿¡A París!? ¿Ahora? ¿Tan rápido? Pero si para embarcar a un avión hay que estar con una hora de antelación en el aeropuerto… Entonces caí. Dudaba mucho que fueran en un avión comercial. Probablemente se tratara de uno privado. Pues a ver como iba yo ahora a su hotel si había problemas.
Encargué una pizza, vi un rato la tele y me acosté sobre las 11. Ana me contestaba todos los toques que le iba dando. No pude dormir, naturalmente. No dejaba de dar vueltas en la cama, pensando en lo que estarían haciendo… Primero tenían que cenar, tal vez aun no estuvieran en el hotel… Las 12… la 1… ¿Habrían ido a pasear por las calles parisinas? Quizá aun no la hubiera visto desnuda, quizá aun no estuviera disfrutando de su hermoso cuerpo desnudo, de su suave piel, de su delicioso coño caliente, y húmedo, que yo aun no había podido sentir con mi polla desnuda… Y él lo haría antes que yo. Las 2, las 3… ¿Seguirían paseando? Tal vez la hubiera llevado a hacer turismo, la torre Eiffel, Notre Dame y el Sena están muy bonitos por la noche, sería una pena no verlo… No dejaba de pensar en mi hermosa novia en una cama, desnudándose lentamente igual que se había vestido, con Dorian delante, mirándola… Luego iría junto a ella a la cama, y se empezarían a besar, a tocar… Tal vez sólo lo harían una vez, y luego se durmieran… Las 4, las 5… Ana ya llevaba horas sin contestarme los toques. A quien quería engañar, seguramente ya habrían follado 4 o 5 veces. Ese cabrón se había dejado un buen pellizco, dudaba mucho que siquiera llegasen a dormir. Ese fue el último pensamiento que recuerdo antes de dormirme.
A eso de las 11 me desperté. Perreé un poco en la cama, hasta que recordé dónde estaba Ana. Me incorporé rápidamente, y vi que tenía un toque suyo a las 10. Todo parecía ir bien. Intenté llamarla, pero no me lo cogió. Me envió otro mensaje “Estamos desayunando. Cogeremos el avión a las 12. Llegaré sin falta para comer. Te quiero”. La noche ya había pasado hacía rato. Se supone que sólo estarían por la noche, la noche acaba a las 8, cuando sale el sol…
Sobre la 1 Ana me envió otro mensaje, que me sacó de quicio. “Nos entretuvimos en el hotel un poco, y acabamos de subir al avión ahora. Ya vamos para allá. Llegaré sobre las 3. Comeré en el avión. Lo siento”. ¿Entretuvieron? Eso qué coño significaba. ¿Que se habían liado a follar otra vez, antes de volver? Joder, yo pensaba que era una noche, y un polvo. A saber cuántos habían echado. Intenté darme esperanzas. Quizás no lo hubieran hecho. Tal vez hubo sólo toqueteos, algún beso… Sobre las 2 y pico me comí el resto de la pizza fría de anoche, y vi la tele.
Por fin a las 3 y cuarto llegó Ana. Le abrí la puerta, y la besé. Estaba igual de guapa que ayer, aunque el peinado se le había quitado. Se había duchado. Traía otra ropa, nueva también, una bonita blusa y una faldita. O sea que como mínimo la habría visto desnuda, al cambiarse… aunque quizá no, tal vez se hubiera cambiado en el baño.
– Hola cariño… ¿Qué tal?
– Qué ha pasado. ¿Lo hicisteis?- fue mi primera e ingenua pregunta.
– Bueno… esa era la idea, ¿no?
– Si, ¿pero al final lo hicisteis?
– Si…
– ¿Una vez?
– Bueno… No exactamente…
– ¿Más?- bajó la mirada. Eso significaba: sí, muchas más. Suspiré.
– A ver, deja de pensar en eso. Tengo una sorpresa. Conseguí sacarle medio millón más. ¡Tenemos 2 millones de euros cariño! He pasado por el banco, y ya es nuestro, nadie nos lo puede quitar. ¿Te das cuenta? Todo terminó, ya está. Dejémoslo todo atrás, a partir de ahora todo es futuro, ¿vale?
– ¿Cómo se lo sacaste?
– Olvida eso. Lo que importa es que lo tengo
– Ni hablar- no podía dejar todo aquello pasar simplemente, como si no hubiera ocurrido. El no saber con exactitud que había ocurrido me mataba-. Me prometiste que me lo contarías.
– Es que quería ducharme y eso…
– Después. De todas formas, veo que ya te has duchado con él- dije lanzándole una mirada acusatoria. Sabía que se había duchado, pero no pensaba que hubiese sido con él. Ella no me lo negó, simplemente bajó la mirada. Eso lo confirmaba. Se habían duchado juntos. También la había visto mojada, con el agua deslizándose por su cuerpo desnudo, y la abría abrazado, restregando su miembro por ella…

Descubrir la verdad

Mi cabeza iba a estallar con toda la mezcla de celos y excitación. Al final el deseo de saber qué había sucedido ganó la batalla.

Descubrir la verdad
Reprimir mis deseos

Me quedé pensativo y decidí que conocer los detalles de su encuentro iba a ser más perjudicial para nosotros que saciar mi curiosidad. Así que respiré profundamente y le di un tierno beso en los labios. Los mismos labios que habían estado posados en otro hombre horas antes y quién sabe qué habrían llegado a hacer...

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