Subir hasta arriba es pan comido. Estás a punto de erguirte en lo alto del muro, pero recuerdas al segurata y te agazapas dejándote caer en el interior del recinto con el mayor sigilo posible. La oscuridad es tu aliada y sacudiéndote los pantalones te internas entre el aparente caos de caravanas y tiendas profusamente adornadas de vivos colores que componen la feria. En silencio te internas entre ellas, en dirección a la callejuela principal. El lugar está anormalmente silencioso, supones que se han ido todos a la cama después de un intenso día de trabajo, intentando descansar antes de que al día siguiente inauguren la feria. Te asomas por las distintas callejuelas,  pero no  ves ni rastro de tu novia ni del jodido musculitos.

Deshaces de nuevo tus pasos y te internas otra vez entre las tiendas, pasas por debajo de un tendal donde hay una prodigiosa colección de lencería femenina a secar hasta llegar a una pequeña plaza. Tu chica tiene que estar en alguna de esas tienduchas, seguramente follando como una yegua en celo. Todo se vuelve rojo  y tienes que pararte y respirar profundamente para recuperar el dominio sobre ti mismo.

Tras unos segundos el acceso de ira y celos se aplaca y miras a tu alrededor.  Dos tiendas y un carromato destacan con sus letreros de neón apagados.

Frente a ti hay una tienda circular de color azafrán y azul turquesa. Pegadas al cartel y entre ellas  un par de perlas de cartón piedra   ilustran el nombre del espectáculo  «Las Perlas del Siam».

A la izquierda, colgando de un carromato verde, de tamaño normal, pero con las puertas  y ventanas anormalmente pequeñas hay un rótulo de color amarillo chillón que dice Los Misterios de Liliput.

Finalmente te das la vuelta y detrás tuyo hay una cabaña rectangular, de color rojo sangre y con dos grandes puertas hechas de delicada madera de caoba y papel de arroz. La puerta y los dos jarrones chinos de imitación que hay a ambos lados hacen que el título de la atracción «Maravillas del Extremo Oriente» no te sorprenda.

Cualquiera puede ser el lugar de la cita, te giras y dudas pero finalmente y te diriges a…

Cruz
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