Sabes que tu novio es buen tío pero es un cacho cabrón y lo amas de una forma tan intensa que no puedes evitar que los celos te nublen el sentido cada vez que sospechas  de él. Te dedicas a vigilar como un halcón cada mirada que lanza, cada escote que valora o cada sonrisa que reparte. No lo puedes evitar, es superior a ti.

El semáforo se pone en verde y arrancas nerviosa esperando que el petardo de delante arranque de una puta vez antes de que el semáforo se vuelva a cerrar. Pasas justa y caracoleas entre el tráfico para poder acercarte un poco más al coche de tu novio.

Mientras te acercas, intentas distinguir su silueta dentro del coche, pero la luz del sol, que se está poniendo y os da de frente, te lo impide. Te sientes ansiosa. Intentas convencerte de que no es nada, pero tu subconsciente es terco y se empeña en presionarte con vividas imágenes de tú novio follándose barbies de ojos grandes y pechos titánicos poniéndote, frenética hasta el punto de faltarte muy poco para atropellar una vieja que se te cruza delante de ti con su andador.

Hincas el freno y echas sapos por la boca mientras pones primera y sales quemando rueda tras tu novio, que está doblando la esquina en el siguiente cruce. Coges el desvío a toda velocidad y tienes que pisar el freno a tope para no comerte su coche que acaba de aparcar en la acera. Pasas por delante y ves como una mujer de exóticos ojos y elegante figura se acerca al coche de tu novio y sube sonriendo.

Pasas de largo y aparcas un poco más adelante. Intentas vigilar por el espejo retrovisor. Aunque no ves que hacen con claridad, puedes ver como las dos cabezas se acercan y se mantienen unidas unos segundos. Si tuvieses ahora una pistola la descargarías  en aquellos dos hijos puta hasta  mucho después de que sus cuerpos dejasen de respirar.

El coche arranca y te sobrepasa. Les dejas pasar y arrancas unos segundos después. Les persigues hacia las afueras. Quince minutos después llegáis a un viejo muelle comercial ahora en desuso. El tráfico se vuelve inexistente y confías en que los dos tortolitos estén tan ensimismados el uno con el otro como para no darse cuenta de que les sigues.

Cuando entráis en una calle que corre paralela al agua descubres su destino. Un antiguo recinto, hace tiempo abandonado, que ahora está ocupado por una feria ambulante. Detienes el coche y apagas las luces observando cómo desaparecen por la puerta.

Esperas un par de minutos y te diriges a la entrada. Sobre el portón abierto hay un enorme rotulo de neón que dice «Gran Feria de Fenómenos del Doctor Lasko». Estas a punto de cruzar la entrada cuando un guardia jurado de mediana edad y uniforme demasiado ceñido para su prominente barriga te da el alto impidiéndote entrar.

Intentas convencerle, pero te dice que la feria está cerrada, y te aconseja que vuelvas mañana. Amenazas, suplicas e incluso echas un par de lagrimitas de cocodrilo, pero nada funciona así que te das la vuelta.

Sin embargo no estás dispuesta a rendirte, en cuanto ves al guardia volver a la garita rodeas con el coche el recinto buscando una manera de entrar.

El muro es bastante alto, pero el paso del tiempo y la falta de mantenimiento se han cobrado su precio y es accesible en dos puntos. El primero está en la zona este, justo encima de unos contenedores a los que crees que puedes trepar con un poco de esfuerzo.

El segundo esta casi enfrente, en el otro lado y es aun más bajo. Calculas la altura a la que queda y crees que podrás auparte usando el coche para alcanzar el borde.

Lo piensas un instante, sabes que no tienes tiempo que perder y…

Contenedores

Opción 1

Usas los contenedores para auparte por encima del muro.

Contenedores
Coche

Opción 2

Acercas el coche para subirte a él y sortear la tapia.

Coche